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 E: Citas del texto de Child

Parte E: Identificación de textos (10%). A continuación verán cinco citas tomadas de las lecturas que hemos hecho, y una lista de nuestros autores. Ud. debe asociar la cita con el autor usando la letra que identifica al autor.

Posibles autores: a. Mayas anónimos (Popol Vuh, Chilam Balam); b. Nezahualcoyotl (Poesía); c. Macuilxochitzin (Poesía); d. Aztecas anónimos (Poesía); e. Inca Garcilaso de la Vega (Comentarios Reales de los Incas); f. Cristóbal Colón (Diario de viaje); g. Hernán Cortés (Cartas); h. Bernal Díaz del Castillo (Historia verdadera); i. Guamán Poma de Ayala (Nueva Crónica); j. Alonso de Ercilla y Zúñiga (La araucana); k. Bartolomé de las Casas (Destrucción de las Indias); l. Juana Inés de la Cruz (Poesía; Respuesta a Sor Filotea); m. Bernardo de Balbuena (Grandeza mexicana); n. Juan del Valle Caviedes (Poesía); o. Tupac Amaru (Proclamación, Sentencia); p. Simón Bolívar (La carta de Jamaica); q. José Joaquín de Olmedo (Poesía); r. Andrés Bello (El castellano en América; La agricultura de la zona tórrida); s. Domingo F. Sarmiento (Facundo); t. Esteban Echeverría (El matadero); u. Jorge Isaacs (María); v. Gertrudis G. de Avellaneda (Poesía).


Cap. 10, p. 89: ...debo condenar, y condeno a José G. Túpac Amaru, a que sea sacado a la plaza principal y pública de esta ciudad, arrastrado hasta el lugar del suplicio, donde presencie la ejecución de las sentencias que se diesen a su mujer, Micaela Bastidas, a sus dos hijos, Hipólito y Fernando Túpac Amaru, a su tío Francisco Túpac Amaru, y a su cuñado Antonio Bastidas, y algunos de sus principales capitanes y auxiliadores de su inicua y perversa intención o proyecto, los cuales han de morir en el propio día; y concluidas estas sentencias, se le cortará por el verdugo la lengua, ... y después amarrado con sogas a cuatro caballos tirando a cada esquina de la plaza de forma que quede dividido su cuerpo en otras tantas partes.


Cap. 11, p. 106: Ciudadano el soldado,

deponga de la guerra la librea:

el ramo de victoria

colgado al ara de la Patria sea,

y sola adorne al mérito la gloria.

De su triunfo entonces, Patria mia,

verá la Paz el suspirado día;

la Paz, a cuya vista el mundo llena

alma serenidad y regocijo:

vuelve alentado el hombre a la faena,

alza el ancla la nave, a las amigas

auras encomendándose animosa,

enjámbrase el taller, hierve el cortijo

y no basta la hoz a las espigas.


Cap. 9, p. 80: De la famosa México el asiento,

origen y grandeza de edificios,

caballos, calles, trato, cumplimiento,

letras, virtudes, variedad de oficios,

 

regalos, ocasiones de contento,

primavera inmortal y sus indicios,

gobierno ilustre, religión, estado,

todo en este discurso está cifrado. ...

 

Mándase que te escriba algún indicio

de que he llegado a esta ciudad famosa,

centro de perfección, del mundo el quicio;


Cap. 4, p 27: Quizás como una flor,

yo dejaré mis semillas...

Yo terminaré como termina la flor..

Pasaré por el mundo y seré polvo.

Pasaremos todo el camino,

En vano!


Cap. 10, p. 86: Mira que en estos afanes,

si así a los médicos tratas,

que han de andar después a gatas

los curas y sacristanes.

Porque soles ni desmanes,

la suegra y suegro peor,

fruta y nieve sin licor,

bala, estocada, ni canto,

no matan al año tanto

como el médico mejor.


Cap. 3, p 20: Preparaos a soportar la carga de la miseria

que viene a vuestros pueblos

porque este katún que se asienta

es katún de miseria,

katún de pleitos con el malo,

pleitos en el 11 Ahau Katún.


Cap. 12, p. 110: Dominado por la cólera, mataba a patadas, estrellándole los sesos a N. por una disputa de juego; arrancaba ambas orejas a su querida, porque le pedía una vez treinta pesos para celebrar un matrimonio consentido por él; abría a su hijo Juan la cabeza de un hachazo porque no había forma de hacerle callar; daba de bofetadas en Tucumán a una linda señorita, a quien ni seducir ni forzar podía. En todos sus actos mostrábase el hombre bestia aún, sin ser por eso estúpido, y sin carecer de elevación de miras. Incapaz de hacerse admirar o estimar, gustaba de ser temido; pero este gusto era exclusivo, dominante, hasta el punto de arreglar todas las acciones de su vida a producir el terror en torno suyo, sobre los pueblos como sobre los soldados, sobre la víctima que iba a ser ejecutada, como sobre su mujer y sus hijos.


Cap. 6, p. 49: Antes que más yo meta la mano en lo del gran Moctezuma y su gran Méjico y mejicanos quiero decir lo de Doña Marina y como, desde su niñez, fue gran señora de pueblos y vasallos, y es de esta manera:


Cap. 11, p. 102: Sonó su voz: "Peruanos,

mirad allí los duros opresores

de vuestra patria. Bravos colombianos,

en cien crudas batallas vencedores,

mirad allí los enemigos fieros

que buscando venís desde Orinoco:

suya es la fuerza, y el valor es vuestro:

vuestra sera la gloria;

pues lidiar con valor y por la patria

es el mejor presagio de victoria.

Acometed: que siempre

de quien se atreve más el triunfo ha sido:

quien no espera vencer, ya está vencido."


Cap. 4, p.25: Elevo mis cantos,

Yo, Macuilxochitzin,

con ellos alegro al Dador de la vida

¡comience la danza!


Cap. 12, p. 116: En aquel tiempo los carniceros degolladores del Matadero eran los apóstoles que propagaban a verga y puñal la federación rosina, y no es difícil imaginarse qué federación saldría de sus cabezas y cuchillas- Llamaban ellos salvaje unitario, conforme a la jerga inventada por el Restaurador, patrón de la cofradía, a todo el que no era degollador, carnicero, ni salvaje, ni ladrón; a todo hombre decente y de corazón bien puesto, a todo patriota ilustrado amigo de las luces y de la libertad; y por el suceso anterior puede verse a las claras que el foco de la federación estaba en el Matadero.


Cap. 7, p 56: Después de esta respuesta, entra con la suya fray Vicente, llevando en la mano derecha una cruz y en la izquierda el breviario. Y le dice al dicho Atahualpa Inca que también es embajador y mensajero de otro señor, muy grande amigo de Dios y que fuese su amigo y que adorase la cruz y creyese el evangelio de Dios y que todo lo demás era cosa de burla.


Cap. 5, p. 41: Más me pareció que era gente muy pobre de todo. Ellos andaban desnudos, como su madre los parió, y también las mujeres, aunque no vi más de una, harto moza. Y todos los que yo vi eran mancebos, que ninguno vi que pasase de edad de treinta años, muy bien hechos, de muy hermosos y lindos cuerpos y muy buenas caras; los cabellos, gruesos casi como cerdas de colas de caballos, y cortos; los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detrás, que traen largos, que jamás cortan. ...


Cap. 9, p. 76: ¿Pues para qué os espantáis

de la culpa que tenéis?

Queredlas cual las hacéis

o hacedlas cual las buscáis.

 

Dejad de solicitar,

y después, con más razón,

acusaréis la afición

de la que os fuere a rogar.

 

Bien con muchas armas fundo

que lidia vuestra arrogancia,

pues en promesa e instancia

juntáis diablo, carne y mundo.


Cap. 9, p 75: Hombres necios que acusáis

a la mujer sin razón,

sin ver que sois la ocasión

de lo mismo que culpáis:


Cap. 6, p. 51: Después de que supimos la decisión que Cortés había hecho de la manera que habíamos de salir e ir aquella noche a los puentes, y como hacía obscuro y hacía niebla y lloviznaba, antes de medianoche se comenzó a traer el puente y caminar el fardaje y los caballos y la yegua y los tlaxcaltecas cargados con el oro. De pronto se puso el puente y pasó Cortés y los demás consigo que traía primero, y muchos de a caballo.


Cap. 7, p. 55: Cómo estuvo el dicho Atahualpa Inca en los baños, Hernando Pizarro y Sebastián de Balcázar fueron allí encima de sus caballos muy furiosos y armados y llevaban mucho cascabel y penacho y los dichos caballeros muy bien armados comenzaron a apretar las piernas, y corrieron muy furiosamente en sus caballos. Dicen que aquello espantó al Inca y a los indios que estaban en dichos baños de Cajamarca ya que nunca antes habían visto esto. Toda la gente del Inca quedó espantado, asombrado, cada uno se echó a huir porque tan gran animal corría hacia ellos y encima de los animales unos hombres, cosa nunca vista antes.


Cap. 10, p 85: El mundo todo es testigo,

muerte de mi corazón,

que no has tenido razón

de estrellarte así conmigo.


Cap. 8, p. 61: Y todo esto pasó con nosotros.

Nosotros lo vimos,

lo miramos:

con esta lamentosa y triste suerte

nos vimos angustiados.

En los caminos yacen dardos rotos;

los cabellos están esparcidos.

Destechadas están las casas,

enrojecidos con sangre los muros.

Gusanos pululan por las calles y plazas,

y están las paredes manchadas de sesos.


Cap. 4, p. 30: Después de haber dado muchas trazas, y tomado muchos caminos para entrar a dar cuenta del origen y principio de los Incas, reyes naturales que fueron del Perú, me pareció que la mejor traza y el camino más fácil y llano, era contar lo que en mis niñeces oí muchas veces a mi madre y a sus hermanos y tíos, y a otros sus mayores, acerca de este origen y principio;


Cap. 6, p. 48: &laqno;Muchos días hace que por nuestras escrituras tenemos de nuestros antepasados noticia que ni yo ni todos los que en esta tierra habitamos somos naturales de ella, sino extranjeros y venidos a ella de partes muy extrañas; y tenemos asimismo que a estas partes trajo nuestra generación un señor, cuyos vasallos todos eran, el cual se volvió a su naturaleza»...


Cap. 8, p. 65: Por este tiempo (fines de 1518) cosas ocurrieron notables en esta isla Española, y una fue que, como los indios de ella se iban acabando y no cesasen por eso de ellos trabajar y angustiar los españoles que los tenían, uno de ellos llamado Valenzuela mozo harto liviano que sucedió en la inicua y tiránica posesión de ellos a su padre, tenía un repartimiento cuyo cacique y señor se llamaba Enriquillo.


Cap. 12, p 113: Mas, de repente, la ronca voz de un carnicero gritó: -¡Allí viene un unitario! -y al oír tan significativa palabra toda aquella chusma se detuvo como herida de una impresión subitánea.

-¿No le ven la patilla en forma de U? No trae divisa en el fraque ni luto en el sombrero.


Cap. 7, p. 59: Chile, fértil provincia y señalada

en la región antártica famosa.

De remotas naciones respetada

por fuerte, principal y poderosa;

la gente que produce es tan granada.

Tan soberbia, gallarda y belicosa,

que no ha sido por rey jamás regida

ni a extranjero dominio sometida.


Cap. 8, p. 68: Acaeció una vez desbaratar muchos de ellos y meterse 71 o 72 en unas cuevas de piedra o peñas, escondiéndose de los indios que iban en el alcance, y entendiendo que estaban allí, quieren los indios traer leña para poner fuego y quemarlos. Mandó Enrique: "No quiero que se quemen, sino tomadles las armas y dejadlos; váyanse", y así lo hicieron, donde se proveyó bien de espadas y lanzas y ballestas, puesto que de éstas no sabían usar. De estos 70 españoles se metió fraile uno en el monasterio de Santo Domingo, de la ciudad de Santo Domingo, por voto que había hecho, viéndose en aquella angustia, no creyendo de se escapar, y de él hube lo que de este caso yo aquí escribo.


Cap. 4, p. 32: Y ahí, en Cuzco, se hundió la varilla de oro.


Cap. 6, p. 47: Moctezuma venía por medio de la calle con dos señores, el una a la mano derecha y el otro a la izquierda; de las cuales el uno era aquel señor grande que dije antes que me había salido a hablar, y el otro era el hermano de dicho Moctezuma, señor de aquella ciudad de Iztapalapa, de donde yo aquél día había partido. Todos los tres eran vestidos de una manera, excepto el Moctezuma, que iba calzado, y los otros dos señores descalzados. Cada uno le llevaba de su brazo; y cuando nos juntamos, yo me apeé, y le fui a abrazar solo: aquellos dos señores que con él iban me detuvieron con las manos para que no le tocase; y ellos y él hicieron asimismo ceremonia de besar la tierra. ...


Cap. 9. Pp. 76-7: ...El escribir nunca ha sido dictamen propio, sino fuerza ajena; que les pudiera decir con verdad: Vos me coegistis. Lo que sí es verdad que no negaré (lo uno porque es notorio a todos, y lo otro, porque, aunque sea con-tra mi, me ha hecho Dios la merced de darme grandísimo amor a la verdad) que desde que me rayó la primera luz de la razón, fue tan vehemente y pode-rosa la inclinación a las letras, que ni ajenas reprehensiones-que he tenido muchas-, ni propias reflejas-que he hecho no pocas-, han bastado a que deje de seguir este natural impulso que Dios puso en mí: Su Majestad sabe por qué y para qué; y sabe que le he pedido que apague la luz de mi entendimiento dejando solo lo que baste para guardar su Ley, pues lo demás sobra, según algunos, en una mujer; y aun hay quien diga que daña.


Cap. 5, p. 41: Vi luego dos o tres [poblaciones] y la gente, que venían todos a la playa llamándonos y dando gracias a Dios. Los unos nos traían agua; otros, otras cosas de comer; otros, cuando veían que yo no curaba de ir a tierra, se echaban a la mar nadando y venían. Y entendíamos que nos preguntaban si éramos venidos del cielo. Y vino uno viejo en el batel dentro. Y otros, a voces grandes, llamaban a todos, hombres y mujeres: "¡Venid a ver los hombres que vinieron del cielo; traedles de comer y de beber!"


Cap. 8, p. 62: Se nos puso precio.

Precio del joven, del sacerdote,

del niño y de la doncella.

Basta:

de un pobre

era el precio sólo

dos puñados de maíz,

sólo diez tortas de mosco;

sólo era nuestro precio

veinte tortas de grama salitrosa.


Cap. 11 p. 104: Si de raíces castellanas hemos formado vocablos nuevos según los procederes ordinarios de derivación que el castellano reconoce, y de que se ha servido y se sirve continuamente para aumentar su caudal, ¿qué motivos hay para que nos avergonzemos de usarlos? Chile y Venezuela tienen tanto derecho como Aragón y Andalucía para que se toleren sus accidentales divergencias, cuando las patrocina la costumbre uniforme y auténtica de la gente educada. En ellas se peca mucho menos contra la pureza y corrección del lenguaje, que en las locuciones afrancesadas, de que no dejan de estar salpicadas hoy día aun las obras más estimadas de los escritores peninsulares.


Cap. 4, p 24: Ha venido a crecer la amargura,

junto a ti y a tu lado, Dador de la Vida.

Solamente yo busco,

recuerdo a nuestros amigos.

¿Acaso vendrán una vez más,

acaso volverán a vivir?


Cap. 9, p. 78: Empecé a aprender latín, en que creo no llegaron a veinte las lecciones que tomé; y era tan intenso mi cuidado, que siendo así que en las mujeres -y más en tan florida juventud- era tan apreciable el adorno natural del cabello, yo me cortaba de él cuatro o seis dedos, midiendo hasta dónde llegaba antes, e imponiéndome ley de que si cuando volviese a crecer hasta allí no sabía tal o tal cosa, que me había propuesto aprender en tanto que crecía me lo había de volver a cortar como castigo de mi estupidez. Sucedía así que él crecía y yo no sabía lo propuesto, porque el pelo crecía aprisa, y yo aprendía despacio, y con efecto lo cortaba como castigo que no me parecía razón que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba tan desnuda de conocimientos, que era más apetecible adorno.


Cap. 3, p 18: Se creó la tierra de una nube gigante; sobre ella se levantaron las montañas y se crearon los valles; inmediatamente después las florestas y los bosques de pinos y cipreses. Tras ellos fueron esparcidas las aguas y los ríos corrieron entre las verdes colinas. Pero los dioses quisieron ver su obra y para ello alumbraron con el alba al mundo. La diosa madre Gucumatz exclamó llena de regocijo: &laqno;¡Qué grande ha sido tu inspiración, O Huracán!»


Cap. 11, p 101: El trueno horrendo que en fragor revienta

y sordo retumbando se dilata

por la inflamada esfera, al Dios anuncia

que en el cielo impera.


Cap. 9, p. 81

De varia traza y varios movimientos

varias figuras, rostros y semblantes,

de hombres varios, de varios pensamientos;

 

arrieros, oficiales, contratantes,

gachupines, soldados, mercaderes,

galanes, caballeros, pleitantes;

 

clérigos, frailes, hombres y mujeres,

de diversa color y profesiones,

de vario estado y varios pareceres;

 

diferentes en lenguas y naciones,

en propósitos, fines y deseos,

y aun a veces en leyes y opiniones;


Cap. 4, p 23: En vano he nacido,

en vano he venido a salir

de la casa del dios a la tierra

¡yo soy menesteroso!

Ojalá en verdad no hubiera salido,

que de verdad no hubiera

venido a la tierra.

No lo digo, pero...

¿qué es lo que haré?,

¡o príncipes que

aquí habéis venido!,

¿vivo frente al rostro de la gente?

¿qué podrá ser?,

¡reflexiona!


Cap. 4, p. 26: Se fue éste a buscar a sus mujeres,

les dijo:&laqno;Preparadle un braguero, una capa,

se los daréis, vosotras

que sois valientes».

Axayácatl exclamó:

&laqno;¡Que venga el otomí

que me ha herido en la pierna!»

El otomí tuvo miedo,dijo:

&laqno;¡En verdad me matarán!»


Cap. 10, p. 88: Por tanto, y por los justos clamores, que con generalidad han llegado al Cielo, en el nombre de Dios Todopoderoso, mando que ninguna de las pensiones se obedezca en cosa alguna, ni a los ministros europeos intrusos, y solo se deberá todo respeto al sacerdocio, pagándole el diezmo y la primicia inmediatamente, como se da a Dios, y el tributo y quintos a su Rey y Señor natural, y esto con la moderación, debida, y para el más pronto remedio y guarda de todo lo susodicho, mando se reitere y publique la jura hecha de mi real corona, en todas las ciudades, villas y lugares de mis dominios, dándonos parte con toda brevedad de los vasallos prontos y fieles, para el premio, e igual de los que se rebelaren, para la pena que les compete, remitiédonos la jura hecha.


Cap. 3, p. 19: El 11 Ahau Katún

primero que se cuenta,

es el katún inicial.

Ichcaansihó, faz del nacimiento del cielo,

fue el asiento del katún

en que llegaron los extranjeros de barbas rubicundas,

los hijos del sol,

los hombres de color claro.


Cap. 7, p 58: No las damas, amor, no gentilezas

de caballeros canto enamorados,

ni las muestras, regalos y ternezas

de amorosos afectos y cuidados;

mas el valor, los hechos, las proezas

de aquellos españoles esforzados,

que a la cerviz de Arauco no domada

pusieron duro yugo por la espada.


Cap. 10, p. 93: En tanto que nuestros compatriotas no adquieran los talentos y las virtudes políticas que distinguen a nuestros hermanos del Norte, los sistemas enteramente populares, lejos de sernos favorables, temo mucho que vengan a ser nuestra ruina. Desgraciadamente, estas cualidades parecen estar muy distantes de nosotros, en el grado que se requiere; y, por el contrario, estamos dominados de los vicios que se contraen bajo la dirección de una nación como la española, que solo ha sobresalido en fiereza, ambición, venganza y codicia.


Cap. 3, p 18: Era el principio. Todo estaba en calma y en silencio. Nada se movía, todo en suspenso, en una larga e interminable noche.


Cap. 11, p 103: Hay otro vicio peor, que es el prestar acepciones nuevas a las palabras y frases conocidas, multiplicando las anfibologías de que, por la variedad de significados de cada palabra, adolecen más o menos las lenguas todas, y acaso en mayor proporción las que más se cultivan, por el casi infinito número de ideas a que es preciso acomodar un número necesariamente limitado de signos.


Cap. 4, p 24: Con flores escribes, Dador de la vida,

con cantos das color,

con cantos sombreas

a los que han de vivir en la tierra.

 

Después destruirás a águilas y tigres,

sólo en tu libro de pinturas vivimos,

aquí sobre la tierra.

Con tinta negra borrarás

lo que fue la hermandad,

la comunidad, la nobleza.

Tú sombreas a los que han de vivir en la tierra.


Cap. 2, p 11: ...Esta isla y todas las otras son fertilísimas en demasiado grado, y ésta en extremo. En ella hay muchos puertos en la costa del mar, sin comparación de otros que yo sepa en el mundo cristiano, y hartos ríos y buenos y grandes, que es maravilla. Las tierras de ella son altas, y en ella hay muchas sierras y montañas altísimas, sin comparación de la isla de Tenerife.


Cap. 11, p. 104: ¡Salve, fecunda zona,

que al sol enamorado circunscribes

el vago curso, y cuanto ser se anima

en cada vario clima,

acariciada de su luz, concibes!


Cap. 2, p 11: Las sierras y las montañas y las vegas y las campiñas, y las tierras tan hermosas y gruesas para plantar y sembrar, para criar ganados de todas suertes, para edificios de villas y lugares. Los puertos del mar aquí no se pueden creer sin verlos, y de los ríos muchos y grandes, y de las buenas aguas, los más de los cuales tienen oro. En los árboles y frutos y hierbas hay grandes diferencias de aquellas de la Juana. (nota: la Juana es la Isla de Cuba). En esta hay muchas especierías, y grandes minas de oro y de otros metales.


Cap. 4, p. 26: Las flores fueron nacidas

en florida primavera bajo la lluvia del sol.

Ellas son nuestro corazón, O Creador,

pero ellas llevan el signo de la muerte,

ellas nacen, ellas florecen y ellas mueren.

 

¿Acaso llevaremos flores a nuestra tumba?

Quizás, pero serán provisionales...

No hay duda que partimos.

Dejaremos las flores, y las canciones y la tierra


Cap. 10, p 95: Poco sabemos de las opiniones que prevalecen en Buenos Aires, Chile y el Perú. Juzgando por lo que se trasluce y por las apariencias, en Buenos Aires habrá un gobierno central, en que los militares se lleven la primacía, por consecuencia de sus divisiones intestinas y guerras externas. Esta constitución degenerará, necesariamente, en una oligarquía o una monocracia, con más o menos restricciones, y cuya denominación nadie puede adivinar.


Cap. 12, p. 111: Es inagotable el repertorio de anécdotas de que está llena la memoria de los pueblos con respecto a Quiroga; sus dichos, sus expedientes, tienen un sello de originalidad que le daban ciertos visos orientales, cierta tintura de sabiduría salmónica en el concepto de la plebe. ¿Qué diferencia hay, en efecto, entre aquel famoso expediente de mandar partir en dos el niño disputado, a fin de descubrir la verdadera madre, y esto otro para encontrar un ladrón? Entre los individuos que formaban una compañía habíase robado un objeto, y todas las diligencias practicadas para descubrir al ladrón habían sido infructuosas. Quiroga forma la tropa, hace cortar tantas varitas de igual tamaño cuantos soldados había; hace enseguida que se distribuyan a cada uno, y luego, con voz segura, dice: "Aquél cuya varita amanezca mañana más grande de las demás, ése es el ladrón." Al día siguiente fórmase de nuevo la tropa, y Quiroga procede a la verificación y comparación de las varitas. Un soldado hay, empero, cuya vara aparece más corta que las otras. "¡Miserable!- le grita Facundo voz aterrante,- tú eres!..." Y, en efecto, él era; su turbación lo dejaba conocer demasiado. El expediente es sencillo: el crédulo gaucho, creyendo que efectivamente creciese su varita, le había cortado un pedazo. Pero se necesita cierta superioridad y cierto conocimiento de la naturaleza humana para valerse de estos medios.


Cap. 8, p 61: Y todo esto pasó con nosotros.

Nosotros lo vimos,

lo miramos:

con esta lamentosa y triste suerte

nos vimos angustiados.

En los caminos yacen dardos rotos;

los cabellos están esparcidos.

Destechadas están las casas,

enrojecidos con sangre los muros.